Que trato de leer todos los días alguna que otra noticia de periódicos digitales y cada día que pasa siento que estoy menos informada y más confundida. Primero te dicen una cosa, te la crees y al poco tiempo te la cambian, pero no el mismo periódico, sino otro distinto (que se declara de la ideología contraria y, claro, a ver qué o a quién crees.)
Ya no sé si el mundo se ha vuelto loco o si los medios pretenden volvernos locos a nosotros, el caso es que de una forma u otra a mi me da la sensación de que pocos cuerdos quedan ya en el planeta, que están en peligro e extinción y que esa raza tiene toda la pinta de pasar a mejor vida en breves.
¿Sabéis qué? Yo (des)informada no vivo bien. Llámame loca, pero hay cosas que no me cuadran. Y, bueno, una vez más (para no cambiar la costumbre) me toca pensar "¿qué puedo hacer yo para cambiar esto?". Entonces llega la desesperación y la impotencia a llamar a mi puerta. Pero bueno, aunque sea poco a poco voy a intentar cambiar algo y sí, ya lo sé, todos empezamos así, pero si me permiten la osadía, espero no cambiar de parecer cuando siga avanzando en el mundo del periodismo (porque pienso intentar llegar hasta el final) y conseguir cambiar esto, aunque sea lo más mínimo.
Señoras y señores: yo, mi indignación y mis ganas de comerme el mundo esperamos que pasen ustedes un buen día.
El sueño de una periodista en potencia.
Captación y tratamiento, escrito, oral, visual o gráfico, de la información en cualquiera de sus formas y variedades.
viernes, 14 de diciembre de 2012
domingo, 18 de noviembre de 2012
''Israel continúa bombardeando Gaza.''
No es la primera vez que me pregunto qué estamos haciendo. Todos en general. No los periodistas, ni España, ni la Unión Europea, sino el mundo entero. ¿Qué narices estamos haciendo? Hemos visto mil películas, hemos escrito millones de libros, hemos leído millares de artículos y no ha sido suficiente. Bombas. Hambre. Muertes. Muertes sin sentido, sin explicación, sin un porqué, sin un fin, sin un principio. Matar a personas por matar. Matar a personas y destrozar sus familias. Verlos desde la otra punta del mundo y, como mucho, escribir una líneas que no servirán de nada.
Como esta mañana he leído en un tweet muchos tenemos en nuestra información personal de las redes sociales que nuestras películas preferidas son algunas como La vida es bella o La lista de Schindler y, sin embargo, aquí estamos: viendo como mueren puñados de personas al día en Gaza sin movernos del sofá. Lo peor de todo es que cuando cerramos el ordenador o el periódico se nos olvida, lo dejamos pasar y volvemos a tener en mente qué ropa nos vamos a poner mañana.
Seres humanos, no vamos bien. No estamos viviendo bien. Deberíamos empezar a hacer algo para arreglar el mundo y no mirar como lo destrozamos desde casa.
Y no, no me preguntéis qué hay que hacer porque no tengo ni idea. Pero, tal vez, sea hora de empezar a actuar y dejar de estudiar el guión.
Como esta mañana he leído en un tweet muchos tenemos en nuestra información personal de las redes sociales que nuestras películas preferidas son algunas como La vida es bella o La lista de Schindler y, sin embargo, aquí estamos: viendo como mueren puñados de personas al día en Gaza sin movernos del sofá. Lo peor de todo es que cuando cerramos el ordenador o el periódico se nos olvida, lo dejamos pasar y volvemos a tener en mente qué ropa nos vamos a poner mañana.
Seres humanos, no vamos bien. No estamos viviendo bien. Deberíamos empezar a hacer algo para arreglar el mundo y no mirar como lo destrozamos desde casa.
Y no, no me preguntéis qué hay que hacer porque no tengo ni idea. Pero, tal vez, sea hora de empezar a actuar y dejar de estudiar el guión.
martes, 13 de noviembre de 2012
''I have a dream.''
Igual va siendo hora de que empecemos a respetarnos unos a otros, que dejemos de hablar de izquierdas y de derechas y de diferenciar entre ricos y pobres que, a fin de cuentas, todos somos iguales. Mi opinión no vale más que la tuya y viceversa. Que nos quejamos a todas horas y no es mucho lo que hacemos por cambiarlo y las pocas veces que lo hacemos, la mayoría de veces, con hipocresía. Que no me excluyo, que yo también, que somos humanos y que funcionamos así porque nos hemos acomodado. Que es hora de esforzarse y de mirar al frente, que es hora de construir un futuro y que si lo hacemos juntos será mejor. Que estoy cansada y mucho de que no nos ayudemos unos a otros, que está comprobado que así no hemos conseguido nada. Que verdad solo hay una y que lo de la relatividad es una excusa que ya empieza a pasarse de moda. Que hay que ser objetivos y fuertes, que la que tenemos encima no es pequeña. Que es hora de pensar, mucho y bien. Que a nadie nos gusta lo que hay, pero si lo miras con una sonrisa en los ojos es menos peor. Que no hay que reguardarse de la tormenta, sino aprender a bailar bajo la lluvia.
jueves, 1 de noviembre de 2012
Gandía Shore.
Por si no lo conocéis, Gandía Shore es la versión española de Jersey Shore. Consiste, utilizando palabras textuales de la productora en ‘un experimento sociológico que consiste en observar la convivencia entre cuatro chicos y cuatro chicas de dieciocho a veinticinco años en una casa de Gandía, en la cual tienen libertad para hacer lo que quieran y su única obligación es trabajar tres horas, dos dí
as a la semana en un chiringuito de la playa sirviendo mojitos.’
Hasta ahí va bien la cosa, el problema llega cuando empiezas a observar a las personalidades que vemos dentro de la casa. De entre las ocho que hay, he pensado que el vídeo de promoción a mi gusto que mejor refleja la línea del programa es la de un tal Esteban, el cual agujerea libros para hacer pesas con ellos.
Gandía Shore consiste en meter a los personajes, a mi parecer, más extravagantes que hay en España dentro de una casa, ver cómo se emborrachan y mantienen relaciones sexuales entre ellos y con personas de fuera de la casa.
Una vez que todos tenemos una idea de las bases del programa, os hablaré un poco del artículo que leí el día siguiente del estreno del programa en el periódico digital del Mundo escrito por F. Alvárez titulado ‘Nanos, tetas y viceversa’. El titular que da nombre al artículo consiste en un juego de palabras en el que mata dos pájaros de un tiro: ‘mujeres, hombres y viceversa’ y Gandía Shore y dato que me parece llamativo es que ambos programas son de la misma productora: Magnolia TV. Para que lo podáis entender esa misma noche Félix Baumgartner se tiró desde la estratosfera.
Como esperaréis el artículo es una crítica negativa hacia el programa. No hay tiempo suficiente para leer el artículo al completo por ello os quiero adjuntar tan solo los dos primeros párrafos para que os deis una idea:
‘’Un domingo para la historia de la ciencia. Por la tarde un tal Felix Baumgartner rompía la barrera del sonido en caída libre. Un rato después ocho descartes de la LOGSE destrozaban el umbral de la vergüenza ajena.
"Tete, qué tetas tiene esa teta, nano". Y así 120 minutos de esa sociología que Mercedes Milá defendía en Gran Hermano y que en Gandía Shore adquiere tintes de premio Nobel. Si GH era un experimento sociológico, el de Gandía es el ensayo definitivo. El 'edredoning' sin edredón. "Yo aparte de músculo y tal, lo que quiero entrenar es el rabo", admite un joven que jura llamarse Labrador. Ni un día sin poesía’’.
El resto del artículo son más referencias a la telebasura, a frases célebres de los participantes y las dos denuncias que recibió la productora tras la emisión de los dos primeros capítulos. Una de ellas porque una participante agredió a una viandante tras salir con copas de más de una discoteca y la otra porque uno de los participantes miccionó en la vía pública.
Mi opinión personal va más allá del simple hecho de que la gente vea este programa o no, la mayoría de tele espectadores con los que cuenta defienden su postura argumentando que ‘’así me río de los que hay metidos ahí dentro y paso la tarde’’.
Lo que yo pienso acerca de este tipo de series es que no son tan lejanas a la realidad como la gente dice, todo el mundo dice que los participantes de Gandía Shore son lo peor, que no sabían que existía gente de ese tipo y más argumentos del estilo. Pues lo siento, pero no. Puede que las personas que se han metido todo el verano en Gandía sean una exageración de lo normal que encuentras en nuestra sociedad, que tengan un guion o que sean actores y actrices expertos en la temática, pero a fin de cuenta no es menos lo que estamos acostumbrados a ver cada fin de semana. Nos reímos al ver los capítulos del programa y como buenos hombres y mujeres que somos solamente sabemos ver la paja en el ojo ajeno. Pero, sin embargo, pocos de los jóvenes que viven en España pueden decir que no han salido un fin de semana y su única finalidad ha sido beber y ver si consiguen mantener algún tipo de relación con otra persona. Pocos pueden decir que el físico no es importante, tanto el propio como el de tu pareja. Vivimos en una sociedad en la que el alcohol, el sexo y un buen físico son las tres normas a seguir para ser una persona normal. ¿De verdad pensáis que podemos seguir así?
Lo que trato de deciros es que deberíamos utilizar un poco más la cabeza a la hora de actuar, que no hay que hacer lo que los demás te dicen que tienes que hacer, que tienes que tener tu propio criterio y que no siempre lo que hace todo el mundo es lo mejor que puedes hacer.
Que es hora de cambiar lo que nos rodea, que todos los días leemos algo sobre la crisis económica y política que asola nuestro país, pero pocos hablan sobre lo mal que vamos las nuevas generaciones. Como todo el mundo dice somos el futuro del mundo. Si nuestro presente está basado en alcohol, sexo y un buen físico, ¿qué futuro es el que nos espera?
Creo que es hora de cambiar y de pensar, de pensar en lo que realmente importa y en qué nos han impuesto programas como Gandía Shore que vemos tan espeluznantes en la televisión y que, sin embargo, cuando los vemos en riguroso y directo 3D nos parece lo más normal del mundo.
Hasta ahí va bien la cosa, el problema llega cuando empiezas a observar a las personalidades que vemos dentro de la casa. De entre las ocho que hay, he pensado que el vídeo de promoción a mi gusto que mejor refleja la línea del programa es la de un tal Esteban, el cual agujerea libros para hacer pesas con ellos.
Gandía Shore consiste en meter a los personajes, a mi parecer, más extravagantes que hay en España dentro de una casa, ver cómo se emborrachan y mantienen relaciones sexuales entre ellos y con personas de fuera de la casa.
Una vez que todos tenemos una idea de las bases del programa, os hablaré un poco del artículo que leí el día siguiente del estreno del programa en el periódico digital del Mundo escrito por F. Alvárez titulado ‘Nanos, tetas y viceversa’. El titular que da nombre al artículo consiste en un juego de palabras en el que mata dos pájaros de un tiro: ‘mujeres, hombres y viceversa’ y Gandía Shore y dato que me parece llamativo es que ambos programas son de la misma productora: Magnolia TV. Para que lo podáis entender esa misma noche Félix Baumgartner se tiró desde la estratosfera.
Como esperaréis el artículo es una crítica negativa hacia el programa. No hay tiempo suficiente para leer el artículo al completo por ello os quiero adjuntar tan solo los dos primeros párrafos para que os deis una idea:
‘’Un domingo para la historia de la ciencia. Por la tarde un tal Felix Baumgartner rompía la barrera del sonido en caída libre. Un rato después ocho descartes de la LOGSE destrozaban el umbral de la vergüenza ajena.
"Tete, qué tetas tiene esa teta, nano". Y así 120 minutos de esa sociología que Mercedes Milá defendía en Gran Hermano y que en Gandía Shore adquiere tintes de premio Nobel. Si GH era un experimento sociológico, el de Gandía es el ensayo definitivo. El 'edredoning' sin edredón. "Yo aparte de músculo y tal, lo que quiero entrenar es el rabo", admite un joven que jura llamarse Labrador. Ni un día sin poesía’’.
El resto del artículo son más referencias a la telebasura, a frases célebres de los participantes y las dos denuncias que recibió la productora tras la emisión de los dos primeros capítulos. Una de ellas porque una participante agredió a una viandante tras salir con copas de más de una discoteca y la otra porque uno de los participantes miccionó en la vía pública.
Mi opinión personal va más allá del simple hecho de que la gente vea este programa o no, la mayoría de tele espectadores con los que cuenta defienden su postura argumentando que ‘’así me río de los que hay metidos ahí dentro y paso la tarde’’.
Lo que yo pienso acerca de este tipo de series es que no son tan lejanas a la realidad como la gente dice, todo el mundo dice que los participantes de Gandía Shore son lo peor, que no sabían que existía gente de ese tipo y más argumentos del estilo. Pues lo siento, pero no. Puede que las personas que se han metido todo el verano en Gandía sean una exageración de lo normal que encuentras en nuestra sociedad, que tengan un guion o que sean actores y actrices expertos en la temática, pero a fin de cuenta no es menos lo que estamos acostumbrados a ver cada fin de semana. Nos reímos al ver los capítulos del programa y como buenos hombres y mujeres que somos solamente sabemos ver la paja en el ojo ajeno. Pero, sin embargo, pocos de los jóvenes que viven en España pueden decir que no han salido un fin de semana y su única finalidad ha sido beber y ver si consiguen mantener algún tipo de relación con otra persona. Pocos pueden decir que el físico no es importante, tanto el propio como el de tu pareja. Vivimos en una sociedad en la que el alcohol, el sexo y un buen físico son las tres normas a seguir para ser una persona normal. ¿De verdad pensáis que podemos seguir así?
Lo que trato de deciros es que deberíamos utilizar un poco más la cabeza a la hora de actuar, que no hay que hacer lo que los demás te dicen que tienes que hacer, que tienes que tener tu propio criterio y que no siempre lo que hace todo el mundo es lo mejor que puedes hacer.
Que es hora de cambiar lo que nos rodea, que todos los días leemos algo sobre la crisis económica y política que asola nuestro país, pero pocos hablan sobre lo mal que vamos las nuevas generaciones. Como todo el mundo dice somos el futuro del mundo. Si nuestro presente está basado en alcohol, sexo y un buen físico, ¿qué futuro es el que nos espera?
Creo que es hora de cambiar y de pensar, de pensar en lo que realmente importa y en qué nos han impuesto programas como Gandía Shore que vemos tan espeluznantes en la televisión y que, sin embargo, cuando los vemos en riguroso y directo 3D nos parece lo más normal del mundo.
viernes, 25 de mayo de 2012
Hola, me llamo egoísmo.
Me llamo María Teresa, tengo 18 años recién cumplidos, vivo en un pequeño pueblo de la provincia de Alicante, llamado Albatera, y el año que viene emprendo el camino hacia mi futuro: dejo mi casa para marcharme a la capital y cursar en la Universidad Complutense de Madrid la carrera de Periodismo.
Cada día que pasa, leo en las noticias algo parecido a esto: <<El fin del periodismo está cerca>> o <<Las profesiones que recogen mayor número de parados son del ámbito informativo>>. Muchas son las personas que me han aconsejado un futuro distinto, que ellos consideran mejor y que yo no pongo en duda que lo sea, porque vivir hoy del periodismo es algo sumamente laborioso. Sin embargo, tengo dos cosas a mi favor: ganas de cambiar el mundo y fuerzas para hacerlo.
Demasiadas veces he necesitado consultar en distintas fuentes una misma noticia para decidir cuál es la que se acerca a la realidad, ¿Les parece esto normal? En sus orígenes el trabajo de un buen periodista consistía en informar, con la verdad por delante y a pesar de conseguir, todo sea dicho, unos cuantos enemigos. Ahora lo importante es fundir tus noticias con una pizca de lo que los ciudadanos quieren leer y con otra de lo que los ciudadanos “deben” creer.
Combinemos tres factores: morbo, dinero y política. ¡Premio! Acabas de conseguir una noticia que será publicada allá donde desees. Pues yo lo siento, pero no estoy dispuesta.
El periodismo se encuentra sumido en esta profunda crisis debido al afán de lucrarse antes que informar con la verdad, que ya no es el objetivo de un periodista, al menos no de uno que realmente quiera serlo.
Permítanme ponerle a esto un nombre: “Egoísmo”, es decir, el famoso yo, mi, me, conmigo. Todos buscamos algo con lo que beneficiarnos, desde un buen puesto de trabajo con su correspondiente salario hasta querer ser uno mismo la noticia en sí, porque todos queremos ser el centro de atención, sobresalir sobre los demás, decir <<aquí estoy yo y no me importa dónde estés tú>>. ¿Realmente creen que podemos funcionar así? De hecho, podemos extrapolar el nombre con el que he decidido bautizar este problema del ámbito informativo, a cualquier campo profesional que encontremos en crisis. En el origen de todos los problemas de este siglo reina el mismo protagonista, el egoísmo.
Permítanme ponerle a esto un nombre: “Egoísmo”, es decir, el famoso yo, mi, me, conmigo. Todos buscamos algo con lo que beneficiarnos, desde un buen puesto de trabajo con su correspondiente salario hasta querer ser uno mismo la noticia en sí, porque todos queremos ser el centro de atención, sobresalir sobre los demás, decir <<aquí estoy yo y no me importa dónde estés tú>>. ¿Realmente creen que podemos funcionar así? De hecho, podemos extrapolar el nombre con el que he decidido bautizar este problema del ámbito informativo, a cualquier campo profesional que encontremos en crisis. En el origen de todos los problemas de este siglo reina el mismo protagonista, el egoísmo.
Hola, me llamo María Teresa, tengo 18 años recién cumplidos y quiero ser periodista para poder decir la verdad, para que lo que los ciudadanos se merecen saber y lo que yo les quiero ofrecer sea lo mismo.
lunes, 21 de mayo de 2012
Lo tuyo es puro teatro.
-Tócala otra vez, Sam-
Este Domingo decidí comprar el periódico 'Información' y para gran y grata sorpresa mía encuentro un artículo de Amadeu Fabregat que nos cuenta que hablar en positivo acerca de cualquier asunto está camino de convertirse en algo extravagante y que afirmar que algo va bien es casi un escándalo social. Sin embargo, se atreve a proclamar que algo va viento en popa, enuncia que los teatros de Madrid están a reventar.
No pueden imaginar cuánta felicidad me invadió al acabar de leer la noticia. A pesar de tener a penas la mayoría de edad me considero una fanática de las artes escénicas, es más, desde que tengo uso de razón me recuerdo encima de un escenario interpretando a la mala de la obra. Adoro el teatro en todas sus dimensiones, me encanta fingir ser quién no soy delante de un público y pocas cosas me hacen disfrutar tanto como sentarme en una butaca mientras observo una historia en directo y en riguroso 3D.
A diferencia de nuestro cine, opino que el teatro español es de una magnífica calidad y que muchos de la inmensa lista de actores y actrices que forman nuestro reparto son dignos de ser envidiados a nivel mundial. Saber que las masas acuden a disfrutar de los grandes artistas del país para evadirse y olvidarse durante unos minutos de lo que nos rodea es algo que alegra el día a cualquiera.
Una obra de teatro es continuo movimiento en el mismo tiempo y en el mismo espacio en el que lo estás viendo, ninguna sesión es igual a la siguiente, todas tienen su ápice de originalidad, como ya habrán oído antes es por 'cosas del directo'. Nunca sabes qué va a pasar y hasta que el telón no se baja y el elenco comienza a saludar no respiras tranquilo, en el momento de los aplausos, sueltas un largo suspiro de alivio porque ya nada puede salir mal (por lo menos, es lo que a mi me pasa).
Para finalizar, únicamente apuntar que me siento extremadamente orgullosa tanto de que nuestra sociedad inunde sus pulmones con el que yo considero el mejor de los artes como de nuestros artistas (no se me ocurre un calificativo mejor) que son capaces de ofrecérnoslo. Dicho sea sin intención de ofender a nadie, algo va bien, y no saben cuánto me alegro de confirmarles de que sea el teatro.
jueves, 17 de mayo de 2012
Optimismo, ¿Dónde te has metido?
Sonríe.
Soy una de esas locas que piensa que ante la adversidad la mejor arma es una sonrisa, una sonrisa sincera. Tal vez, si todos sonriéramos un poco más, si viviéramos tratando de buscar la pequeña lucecita de optimismo que siempre está encendida al final del túnel en lugar de llorar porque nos encontramos sumidos en la peor de las tinieblas, la vida sería más amena, más llevadera, ''más mejor''.
Insuflémonos una bocanada de aliento, pensemos en que se puede salir y salgamos de la manera más elegante posible. No nos dediquemos a quejarnos, a vivir de protestas, a pensar que no se puede y luchemos por un mañana mejor, por un buen futuro, por un buen futuro juntos.
Todos estamos cansados de leer que España va mal, que no hay trabajo y que no sé cuántas personas han muerto en un accidente de tráfico. No nos olvidemos de esos titulares, pero tratemos de imaginar la cara oculta de la luna, el otro lado de la moneda, bañemos de optimismo nuestra rutina. Pensemos que cada día que amanecemos no es un día nuevo, es EL día, el día de ser feliz, el día de atreverse a serlo. Pongamos una banda sonora alegre, de esas que hacen que creas que vives en una película y así, será más bonita la película de tu vida, te lo aseguro.
Un estudio realizado por Jo Anne Bachorowski y su colega Michael J. Owren afirma que la sonrisa nació de la necesidad de mostrar tu agradecimiento con otras personas, de mostrar tu agradecimiento con el mundo sin la necesidad de utilizar el lenguaje hablado. Mostremos que es cierto, que estamos agradecidos por haber despertado esta mañana, contagiemos alegría a diestro y siniestro, todo se pega, sobretodo las cosas buenas (por mucho que las malas lenguas opinen lo contrario), aunque estemos rotos por dentro tratemos de mostrar que somos felices, tal vez así, consigamos convenciéndonos de que realmente lo somos, de que podemos serlo.
Convoco a todo ser humano a cargar sus bolsillos de sonrisas a punto de caramelo para inundar este caos de algo que merezca la pena. Os convoco a ser felices, a vivir la vida y a sonreír, más ahora, que el verano está a la vuelta de la esquina y, ya sabes, tu sonrisa con el sol hacen la pareja perfecta.
Pd: SONRÍE.
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